
Escribo con la parte que de ti tengo, con las palabras que son las cosas... Escribo porque nunca escribo, porque el tiempo que nos prometimos es este mismo tiempo continuo, el mismo estado de las cosas. Escribo la ciudad que no conoces y la lluvia que no existe. Escribo lo que olvido porque nada tengo que escribir, y escribo objetos estorbosos que impiden transitar la lógica de existir. Escribo porque no puedo dibujar, porque no tengo una cámara. Escribo somnoliento, sobre hechos que no pueden dejar de serlo aunque terminen diluidos en un papel que mancha los dedos... escribo como obrero, ciego al lado invisible de las palabras. Y sin embargo escribo porque casi nunca te escribo. Es la hora del vacío que adormece las manos y las borra. Dejo, por un momento, de existir y muero un instante pensando en un cuerpo no tuyo que habitas por ahora... Lo absurdo es pensar que hay una respuesta... voy discreto rumbo a la puerta trasera.