28.6.12

En una calle de la ciudad



Comunión plenaria
Los nervios se me adhieren al barro, a las paredes/ abrazan los ramajes/ penetran en la tierra, se esparcen por el aire hasta alcanzar el cielo./ El mármol, los caballos tienen mis propias venas./ Cualquier dolor lastima mi carne, mi esqueleto./ ¡Las veces que me he muerto al ver matar a un toro!/ Si diviso una nube, debo emprender el vuelo./ Si una mujer se acuesta, yo me acuesto con ella./ ¿Cuántas veces me he dicho: ¿seré yo esa piedra?/ Nunca sigo un cadáver sin quedarme a su lado./ Cuando ponen un huevo, yo también cacareo./ Basta que alguien me piense para ser un recuerdo.
Oliverio Girondo