10.12.12

La libertad de un periodista

La libertad se compra trabajando fuera de tus horas de trabajo. No he encontrado otra respuesta a la pregunta maldita. Mi padre me lo dijo muchas veces, y era un gran periodista. Mi tío abuelo era otra gran periodista y también me lo dijo muchas veces: “si quieres hacer periodismo de verdad hazlo en tus horas libres”. Es cabrona la reflexión, pero es cierta. Porque significa que a pesar de estar sometido a las presiones cotidianas del diarismo, del radismo o del televisismo, decides seguir de verdad una historia en particular; no todas, porque no se puede, pero hay una que sí. Yo he comprado tiempo libre, he ganado el tiempo libre que tengo, he publicado 70 u 80 libros, y tengo tiempo para decir: “esta historia apesta y quiero contarla desde abajo”, y lo hago bajo la forma de la novela o de la investigación.

Paco Ignacio Taibo II
La Jornada Jalisco 
25 de noviembre de 2012

6.12.12

Con la muerte en la cabeza... algunos seguimos vivos


Tirados boca abajo en una brecha oculta por la selva sólo escuchamos los golpes secos y los lamentos ahogados de Trinidad de la Cruz Crisóstomo, de 72 años; detrás de nosotros alguno de los cuatro sujetos armados que nos emboscaron lo tortura mientras otros nos vigilan, cortan cartucho, preguntan cosas y amenazan. Entre los cuatro encapuchados no suman el número de años del anciano al que están matando lentamente.
Trinidad regresó ese 6 de diciembre a Xayakalan –territorio recuperado por los nahuas de Santa María Ostula el 29 de junio de 2009–, 15 días antes intentaron asesinarlo ahí mismo; un sicario lo golpeó varias veces con un rifle pero no se atrevió a disparar delante de tantas personas. A Trinidad lo sacaron de Michoacán para refugiarlo en Colima, sus heridas apenas cicatrizaban cuando decidió volver para animar a la gente a participar en la última fase de la consulta con la que se determinaría la postura de la comunidad en las negociaciones con la Secretaría de la Reforma Agraria y el gobierno estatal por el conflicto de tierras con pequeños propietarios de La Placita. Él sabía que estaba amenazado, pero tenía la idea de denunciar públicamente a su agresor, dar su nombre, señalarlo como miembro de un grupo paramilitar que amedrenta a la gente para dividir a la comunidad.
–Los vamos a sacar. Esta tierra nos ha costado sangre, por eso venimos, no van a controlar nuestra tierra así, no nos van amenazar –decía el hombre con su voz rasposa mientras caminaba entre los arbustos de jamaica que comenzaban a echar flores; y se refería al grupo de sujetos que controlan el monopolio de la violencia a Xayakalan, a donde no entra la Marina, ni el Ejército, ni policía alguna, a pesar de las medidas cautelares emitidas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en septiembre y julio de 2010, donde se pide al Estado mexicano brindar protección a los habitantes de Ostula.
–¿Qué chingados andan haciendo acá? –nos pregunta uno de los sujetos armados que sigue apuntándonos; continuamos tirados en la brecha y entre respiraciones agitadas intentamos contenernos. “¡Se los va a cargar la chingada! Les vamos a cortar la cabeza para usarla de maceta!”, nos dice otro mientras comienza a entonar una canción: “somos sanguinarios/ locos bien ondeados/ nos gusta matar”. Uno más ordena sacar el cuchillo para “cortar” a Trinidad, juzgado y sentenciado en ese momento por cuatro jóvenes que se emocionan al encontrar cigarros en los bolsillos de los plagiados.
A Trinidad de la Cruz le decían El Trompas y representaba para muchos en Ostula uno de los últimos sustentos morales de la comunidad. Esa mañana más de una persona se alegró de verlo y le recomendó tener cuidado, porque lo andaban buscando “los armados”. La consulta estaba programada a las 18 horas en la cabecera de Santa María Ostula, a unos 30 minutos de Xayakalan subiendo hacia la sierra. Él se sentía confiado por la presencia del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD), se sentía protegido porque hasta ese momento los paramilitares habían respetado a los contingentes de apoyo y solidaridad que desde julio de 2009 comenzaron a llegar al territorio en disputa. Creía que no habría mayor problema para subir al sitio de la consulta, confiaba en que la caravana del MPJD venía escoltada por la Policía Federal (PF) desde que salió de la ciudad de México. Pero los federales se fueron, no quisieron esperar ahí: “mejor nos llaman cuando vayan de regreso”, dijeron antes de esfumarse por la carretera rumbo a Colima.
–La comunidad no nos puede dejar solos, tiene que seguir apoyándonos –insistía Trinidad mientras intentaba explicar a los integrantes del MPJD cuán grande y rico es el territorio recuperado: “aquí el pobre vive bien, siembra jamaica, papaya, ajonjolí, hay jaiba, pez y cocos; si nos quitan esto, allá arriba en la sierra hay muy poco”.
Xayakalan nació el primero de julio de 2009, un día después de recobrada la tierra, cuando comenzaron a construirse las primeras casas en lo que antes se llamó La Canahuancera; Trinidad estuvo ahí durante varios días, encabezó la férrea defensa contra los grupos armados que asediaban a quienes recuperaron el territorio por la vía de los hechos, amparados en una dotación presidencial de 1961 y en títulos primordiales datados en los primeros años del siglo XIX. Pero desde ese día comenzaron los asesinatos en contra de líderes comunitarios y personas cercanas a ellos (28 hasta ahora; de las 40 familias que llegaron a poblar Xayakalan quedan sólo 30, las otras 10 forman parte del centenar que se ha ido de Ostula por la violencia).
Uno de los paramilitares, el más joven, adolescente todavía, intenta tranquilizarnos, ofrece disculpas por lo que dicen sus compañeros, agrega que regresaremos a casa sin problemas: “el problema es con él, este viejo es nuestra contra”; pero la situación no cambia. Los cuatro saben que nos tienen dominados y a su merced, se sienten más seguros, han revisado la camioneta en la que viajamos, se cercioran de que no tenemos cómo defendernos y comienzan a pensar en voz alta. “Te va a cargar la chingada, viejo cabrón. ¿Para qué regresaste?” Atrás de nosotros continúan torturando a Trinidad. Uno de ellos corta cartucho y jala el gatillo… nada, no hay detonación, lo intenta de nuevo… nada otra vez. “¿Y qué hacemos con éstos?”, pregunta. “Hay que darles avión”, responde otro.
Llegada la hora de ir hacia la cabecera de Ostula, Trinidad prefiere abordar la camioneta del MPJD para ir más seguro, pero antes de salir a la carretera, de entre los arbustos saltan cuatro sujetos encapuchados, armados con pistolas escuadras y un AK47. Detienen el vehículo, bajan al copiloto y le ordenan abrir la puerta trasera. “A ti te andamos buscando”, le dice el más joven al hombre de 72 años que les pide no hacer algo que pueda lastimar a quienes lo acompañan. “Ya te cargó la chingada”, es la única respuesta. Los paramilitares dan órdenes cruzadas, uno quiere que todos se bajen, otro que se arrinconen en el fondo de la camioneta. Los segundos pasan lentos y nadie sabe qué hacer. Un disparo al aire obliga a todos a ir hacia la parte trasera del vehículo para buscar refugio ante la posibilidad de que ahí comience el tiroteo. Los paramilitares suben a la camioneta, toman el control y obligan al conductor a ir por la carretera, le obligan a girar a la izquierda en una brecha que se va tragando al vehículo. “¿Díganme qué les hice a ustedes? Yo no les he hecho nada… Si es su estrategia para matarme… pues ya”, era el último intento de Trinidad para tratar de dialogar y evitar la muerte de los demás. “Bájense todos y tírense al suelo detrás de la camioneta, ya se los llevó la chingada”, fue la respuesta.
Tirados boca abajo en una brecha oculta por la selva sólo escuchamos los golpes secos y los lamentos ahogados de Trinidad de la Cruz Crisóstomo; detrás de nosotros alguien lo tortura… “¿Les quitamos los celulares?”, pregunta uno de ellos. “Saquen los teléfonos”, ordena otro. Dirigiéndose a Trinidad, uno más dice: “vas a vivir, pero vamos a platicar largo tú y yo”. Se escuchan más golpes, otra orden: “levántelo… ¿o no puedes caminar?” Trinidad contesta casi sin voz: “no puedo”. “Levántelo a piquetes… y ustedes se van a ir por Lázaro Cárdenas, cuidadito de regresar por donde vinieron o vuelan en pedacitos. Una camioneta negra los va a estar esperando y los va a escoltar… y nomás que vayan con el chisme a los marinos o al Ejército”. Nos levantamos sin voltear atrás, la camioneta sale en reversa hasta la carretera e inicia el recorrido de casi 300 kilómetros hasta los límites con Guerrero; hay dos teléfonos celulares tirados entre los asientos pero no hay señal… ni policías, ni Marina, ni Ejército. Llevamos la vida en el pecho pero la muerte metida en la cabeza. Al día siguiente encontraron el cuerpo de Trinidad, atado de manos, torturado, con una oreja casi desprendida y con cuatro tiros en el cuerpo.

La Jornada
12 de diciembre de 2011

15.10.12

Irremediable

(La verdad es siempre un contacto interior inexplicable. La verdad es irreconocible. ¿Por lo tanto no existe? No, para los hombres no existe.)
(...)
Estoy absolutamente cansado de la literatura; sólo la mudez me hace compañía. Si todavía escribo, es porque no tengo nada más que hacer en el mundo mientras espero la muerte. La búsqueda de la palabra en la oscuridad. El acontecer menudo me invade y me deja en la calle.

Clarice Lispector
La hora de la estrella

24.7.12

Un periodista en 1939 (vigencia de Camus)



25 de noviembre de 1939
Es difícil evocar hoy la libertad de prensa sin ser tachado de extravagancia, acusado de ser Mata-Hari o siendo convencido de que eres sobrino de Stalin. Sin embargo, esta libertad es sólo una cara entre otras de la libertad en sentido estricto y se comprenderá nuestra obstinación en defenderla si se admite que no hay otra forma de ganar realmente la guerra.
Es verdad, toda libertad tiene sus límites. Aunque tendrán que ser libremente reconocidos. Acerca de los obstáculos que son aportados hoy a la libertad de pensamiento, hemos dicho por otra parte todo lo que pudimos decir y diremos todavía, y hasta la saciedad, todo lo que será posible decir. En particular, no nos sorprenderá jamás lo suficiente, una vez impuesto el principio de la censura, que la reproducción de los textos publicados en Francia y apuntados por los censores metropolitanos sea prohibida a Le Soir Républicain, por ejemplo.
El hecho de que a propósito un periódico dependa del humor o de la capacidad de un hombre demuestra mejor que cualquier otra cosa el grado de inconsciencia al que hemos llegado. Uno de los buenos preceptos de una filosofía digna de ese nombre es el de jamás caer en lamentaciones inútiles ante un estado de cosas que no puede ser evitado.
La cuestión en Francia ya no es hoy saber cómo preservar la libertad de prensa. Es la de buscar cómo, ante la supresión de esas libertades, un periodista puede seguir siendo libre. El problema no concierne a la colectividad. Concierne al individuo.
Y justamente lo que nos agradaría definir aquí, son las condiciones y los medios a través de los cuales, en el seno mismo de la guerra y de sus servidumbres, la libertad puede ser, no solo preservada, sino también manifestada. Estos medios son cuatro: la lucidez, el rechazo, la ironía, la obstinación.
La lucidez supone la resistencia a las invitaciones al odio y al culto de la fatalidad. En el mundo de nuestra experiencia, todo puede ser evitado. La guerra misma, que es un fenómeno humano, puede ser en todo momento evitado o detenido por medios humanos. Es suficiente con conocer la historia de los últimos años de la política europea para estar seguros que la guerra, cualquiera sea, tiene causas evidentes.
Esta visión clara de las cosas excluye el odio ciego y la desesperanza que deja hacer. Un periodista libre, en 1939, no se desespera y lucha por lo que cree verdadero como si su acción pudiera influir en el curso de los acontecimientos. No publica nada que pueda excitar el odio o provocar la desesperanza. Todo eso está en su poder.
Frente a la creciente marea de la estupidez, es necesario también oponer alguna desobediencia. Todas las presiones del mundo no harán que un espíritu un poco limpio acepte ser deshonesto. Ahora bien, y aun conociendo poco del mecanismo de las informaciones, es fácil asegurarse de la autenticidad de una noticia. Es a ello que el periodista libre debe dedicar toda su atención. Si no puede decir todo lo que piensa, puede no decir lo que no piensa o lo que cree falso. Es así que un diario libre se mide tanto por lo que dice como por lo que no dice. Esta libertad completamente negativa es, de lejos, la más importante de todas si se la sabe mantener, dado que prepara el advenimiento de la verdadera libertad. En consecuencia, un diario independiente ofrece el origen de sus informaciones, ayuda al público a evaluarlas, repudia el abarrotamiento de los cerebros, suprime las invectivas, mitiga mediante comentarios la uniformidad de las informaciones; en breve, sirve a la verdad en la medida humana de sus fuerzas. Esta medida, tan relativa como puede serlo, le permite al menos rechazar lo que ninguna fuerza en el mundo podría hacérselo aceptar: servir a la mentira.
Llegamos así a la ironía. Podemos decir en principio que un espíritu que tiene el gusto y los medios de imponer la coacción es impermeable a la ironía. No vemos a Hitler, por tomar un ejemplo entre otros, utilizar la ironía socrática. Lo que implica entonces que la ironía es un arma sin precedentes contra los demasiado poderosos. Completa a la rebeldía en el sentido de que permite no sólo rechazar lo que es falso, sino decir a menudo lo que es cierto. Un verdadero periodista libre, en 1939, no hace demasiada ilusión sobre la inteligencia de aquellos que lo oprimen. Es pesimista respecto del hombre. Una verdad enunciada con un tono dogmático es censurada nueve veces sobre diez. La misma verdad dicha agradablemente no lo es más que cinco veces sobre diez. Esta disposición describe de manera bastante exacta las posibilidades de la inteligencia humana. Ésta explica además que los diarios franceses como Le Merle o Le Canard Enchaîné puedan publicar regularmente los artículos de tanto coraje que conocemos. Un periodista, en 1939, es por lo tanto forzosamente irónico, aunque a menudo sea a riesgo de su propio cuerpo. Pero la verdad y la libertad son amantes poco exigentes dado que tienen pocos amantes.
Esta actitud del espíritu brevemente definida, es evidente que no podría sostenerse eficazmente sin un mínimo de obstinación. Hay suficientes obstáculos a la libertad de expresión. No son los más severos los que pueden desalentar un espíritu. Las amenazas, las suspensiones, las persecuciones producen generalmente en Francia el efecto contrario a lo que se proponen. Debe convenirse que hay obstáculos desalentadores: la constancia en la tontería, la apatía organizada, la estupidez agresiva, y detengámonos aquí. Allí está el gran obstáculo a vencer. La obstinación es una virtud cardinal. Por una paradoja curiosa pero evidente, se pone al servicio de la objetividad y de la tolerancia.
Éstas son un conjunto de reglas para preservar la libertad hasta el seno de la servidumbre. ¿Y después? –diríamos. ¿Después? No nos apuremos tanto. Si cada francés quisiera mantener en su esfera todo lo que cree verdadero y justo, si quisiera ayudar desde su condición débil a mantener la libertad, resistir el abandono y dar a conocer su voluntad, entonces y solo entonces esta guerra estará ganada, en el sentido profundo del término.
Sí, es frecuentemente a riesgo de su cuerpo que el espíritu libre de este siglo hace sentir su ironía. ¿Qué puede encontrarse de agradable en este mundo incendiado? Pero la virtud del hombre consiste en mantenerse enfrente de lo que lo niega. Nadie quiere recomenzar dentro de veinticinco años la doble experiencia 1914 y 1939. Entonces hay que ensayar un método todo novedoso que es la justicia y la generosidad. Pero éstas sólo se expresan en los corazones libres y en los espíritus todavía clarividentes. Formar estos corazones y estos espíritus, despertarlos antes, es la verdadera tarea a la vez modesta y ambiciosa que le toca al hombre independiente. Hay que hacerlo sin pensar más allá. La historia tendrá o no en cuenta esos esfuerzos. Pero habrán sido hechos.

Albert Camus
Escrito en 1939 para Le Soir Républicain, recuperado y publicado por Le Monde el 18 de marzo de 2012 http://www.lemonde.fr/afrique/article/2012/03/18/le-manifeste-censure-de-camus_1669778_3212.html

28.6.12

En una calle de la ciudad



Comunión plenaria
Los nervios se me adhieren al barro, a las paredes/ abrazan los ramajes/ penetran en la tierra, se esparcen por el aire hasta alcanzar el cielo./ El mármol, los caballos tienen mis propias venas./ Cualquier dolor lastima mi carne, mi esqueleto./ ¡Las veces que me he muerto al ver matar a un toro!/ Si diviso una nube, debo emprender el vuelo./ Si una mujer se acuesta, yo me acuesto con ella./ ¿Cuántas veces me he dicho: ¿seré yo esa piedra?/ Nunca sigo un cadáver sin quedarme a su lado./ Cuando ponen un huevo, yo también cacareo./ Basta que alguien me piense para ser un recuerdo.
Oliverio Girondo

26.4.12

Revelaciones

... A caso sea esta la primera vez que este chico intuye, siquiera de una forma imprecisa y fugaz, que lo inventado puede tener más peso y solvencia que lo real, más vida propia y más sentido, y en consecuencia más posibilidades de pervivencia frente al olvido.

Juan Marse
Caligrafía de los sueños

26.3.12

Terca memoria

Conforme pasa el tiempo, es cada vez más difícil que veamos a las personas con las que solíamos toparnos a diario durante mucho tiempo, y al final resulta que las recordamos y mantenemos en la mente como si fueran diez años más jóvenes. Como si siguieran siendo aún aquellas personas que vimos por primera vez y percibimos hace mucho tiempo. Lo mismo pasa con el amor.

Milorad Pavić
Pieza única