26.6.23

Nos queda la memoria...

Intentaré resonar con el título que los organizadores del Encuentro Internacional de Periodistas eligieron para enmarcar esta presentación: “Bitácora para habitar el caos”. Al hablar de este libro surge en mí una gran contradicción que sólo puedo encarar especulando. Por un lado emergen la emoción y un sentimiento de honra por estar aquí con ustedes y frente a ustedes para hablar de Javier Valdez, pero por otro lado pienso que este libro no debería existir, no aún, no de esta manera, porque Javier debería estar físicamente vivo (que conste que digo “físicamente”, porque creo que de otras formas el bato sigue vivo y entre nosotros).
Suponiendo pues, que este libro no existiera y que Javier siguiera escribiendo al ritmo que lo hacía, en los 2 mil 26 días que han pasado hasta hoy desde que lo asesinaron, él hubiera publicado al menos tres libros. Es decir, tendríamos tres libros de Javier en lugar de un libro sobre Javier. Y uno de ellos versaría sobre el Ejército y el narco, sobre cómo ha vivido la tropa esta guerra contra la gente, y en él tal vez encontraríamos historias de soldados que en su fuero interno cuestionan muchas de las órdenes que han tenido que ejecutar, o la historia de algún pelotón extraviado en la serranía y que al verse superado en número y fuerza tuvo que aceptar la humillación para evitar ser masacrado… Entonces, en ese universo especulativo tal vez ahora mismos sería Javier el que estuviera en esta mesa y no nosotros, y en tiempos de una militarización consumada al menos hasta 2028, nos estaría mostrando una parte que no conocemos del Ejército y de la relación nociva que mantiene con la delincuencia organizada, una relación profunda y complicada que no cambia por decreto. Javier seguiría echando luz en un país de larga noche y nos convocaría a pensar y resistir, algo que parece ya subestimado.
¿Pero cómo sé que uno de sus libros trataría sobre el Ejército? Porque el libro que no debería existir lo dice. Y también dice que le gustaba la música de Real de Catorce, que tocaba la batería, que tuvo una banda, que fue lector voraz, que le gustaba la poesía y escribía poemas en el reverso de los manteles de papel que ponen en los restaurantes (y eso explica muchas cosas); dice que en su juventud lo marcó conocer a Rosario Ibarra de Piedra, una de las primeras rastreadoras que logró hacer visible la búsqueda de su hijo desaparecido; el libro dice que Javier intentó ser diputado federal por el Partido Revolucionario de los Trabajadores, que fue cartero, que contaba chistes durante la hora de comida, que era desvergonzado y de risa fácil, que el periodismo infrarealista también murió al mediodía del 15 de mayo de 2017, que batallaba para escribir sus libros y le dolía el cuerpo, que pensaba que en su tierra –Culiacán– no lo reconocían igual que fuera de ella.
El libro que no debería existir es un caleidoscopio de Javier Valdez, un collage mínimo sobre su vida y su obra, la reconstrucción de una persona a partir de los recuerdos de otras, constancia de su paso por el corazón de muchos, dato duro de su existencia, nota de color sobre su carácter, crónica de sus divertimentos, trascendido sobre sus vicios, documental de cómo un sociólogo se convirtió en periodista, testimonio de dolor, coraje y asombro, prueba de que nos falta… Es un libro de la memoria y para la memoria, una provocación para leer o releer el trabajo de Javier, sus libros, sus crónicas, reportajes y entrevistas, su Malayerba en Río Doce, es una manera de mantener al bato vivo entre nosotros y también de extrañarlo.
Al terminar el libro que no debería existir llegó a mi cabeza una escena de la película “El lado oscuro del corazón”, aquella donde el protagonista defiende su oficio de poeta recitando la “Comunión plenaria”, de Oliverio Girondo. Imaginé entonces a Javier con su sombrero, caminando por la calle y gritándole a la noche culichi esos mismos 24 versos como defensa de su manera de ejercer el oficio de periodista: 

Los nervios se me adhieren
al barro, a las paredes,
abrazan los ramajes,
penetran en la tierra,
se esparcen por el aire,
hasta alcanzar el cielo.
El mármol, los caballos
tienen mis propias venas.
Cualquier dolor lastima
mi carne, mi esqueleto.
¡Las veces que he muerto
al ver matar a un toro!
Si diviso una nube
debo emprender el vuelo.
Si una mujer se acuesta,
yo me acuesto con ella.
Cuántas veces me he dicho,
¿Seré yo esa piedra?
Nunca sigo un cadáver
sin quedarme a su lado.
Cuando ponen un huevo,
yo también cacareo.
Basta que alguien me piense
para ser un recuerdo.

 

El 16 de septiembre pasado, el autor intelectual del asesinato de Javier, un sujeto de ego herido que se llama Dámaso López Serrano y a quien apodan “El Minilic”, fue liberado de prisión en California; colaboró con el gobierno grirngo en el juicio contra “El Chapo” Guzmán, negoció su testimonio a cambio de una reducción de condena que sólo le hizo pasar poco más de cinco años en la cárcel. Según él está arrepentido del mal que causó y ahora es una persona completamente diferente.
Por eso quiero aquí repetir y hacer mías, nuestras, las palabras de Griselda Triana, esposa de Javier, al enterarse de esto y exigir al gobierno mexicano que solicite la extradición de este sujeto para que responda por esta muerte y las demás que ordenó: “62 meses le bastaron para decirse arrepentido y ahora se paseará como si nada con nueva identidad en Estados Unidos. Qué indignante que el asesino de un periodista como Javier tenga más privilegios y quede en libertad. ¿Y la justicia para Javier? ¿Y sus colegas periodistas? ¿Y nuestro dolor?”.

Presentación del libro Javier Valdez El Bato
FIL de Guadalajara 2 de diciembre de 2022

3.1.20

Primera carta...

Ilán:
Cunado este libro llegue a tus manos tal vez ya habremos tenido varias conversaciones sobre las injusticias que se nos plantan en la cara a cada momento, sobre los pobres y los ricos, sobre los explotados y los explotadores, sobre los esclavos y los dominadores, sobre el amor y la solidaridad, sobre mi deseo de que seas libre; pero quiero que lo tengas para que, a través de su lectura, comiences a conversar con otros que estuvieron antes que tú y yo y se hicieron preguntas similares. Como ves, la desigualdad entre las personas es añeja, pero también, desde hace mucho tiempo hay quienes la combaten.
En sus páginas encontrarás palabras que tal vez nunca hayas escuchado, como militarismo, clericalismo, proletariado o ateneo, y otras que tal vez te sean más comunes porque de la boca de tu madre o de la mía habrás escuchado muchas veces la queja contra el capitalismo y el poder. Además, verás que está escrito de una manera muy distinta a la que usamos para hablar cotidianamente, pero eso se debe a que José Antonio Emmanuel, el profesor anarquista que lo escribió, lo hizo hace casi 90 años y vivía del otro lado del mundo. Piensa en que los primeros niños a los que dedicó este libro hoy son más viejos que tu abuela o de plano ya no viven. Pero no lo desprecies por eso, imagina al lenguaje como un ser capaz de envejecer y rejuvenecer, de morir y renacer, de presentarnos a los que pasaron por aquí antes;  además, las cosas de las que habla son tan válidas hoy como entonces: oponerse a la guerra y amar, siempre será necesario.
El libro busca explicarte lo que es la anarquía, otra palabra que seguramente has escuchado en varios momentos, y muchas veces, estoy seguro, vinculada a la violencia, pero verás que no es así, que es necesario reivindicar esa palabra y entenderla mejor, que realmente contiene esperanza. Pienso en lo que sucederá cuando te enteres que la escuela puede ser otra cosa, cuando sepas que la idea de dios se ha usado para oprimir, que un sindicato no tiene que ser sinónimo de tranza… es un poco como esa canción que te cantaba cuando eras un bebé, donde había una vez un lobito bueno, un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado… Espero que tras tu lectura tengamos que conversar mucho más para seguir construyendo este mundo al revés. Espero que en esas conversaciones tu madre pueda ayudarnos a entender que una lucha en la que no se involucra el corazón está incompleta.
Encontrarás también en este libro una especie de decálogo: ayuda, apoya, copia lo bello, labora, estudia, ama, protege, cultiva, no tengas esclavos, trabaja. Vuelve a él cada que puedas, cuestiónalo, complétalo, colócalo en el orden de tus necesidades, practícalo en la medida de tus fuerzas… Naciste en un país en guerra, donde la vida para muchos es sólo una mercancía más, ser indiferente a ello implica permitir que la guerra sea perpetua; naciste hombre en un mundo donde los hombres son violentos con las mujeres para conservar privilegios ilegítimos, mantenerse en silencio ante ello y evitar la confrontación es ser cómplice; naciste también en un mundo donde se quiere ver a la tierra como un objeto y no como madre, permitirlo es convertirse en verdugo… Este libro te ayudará a buscar la manera de rebelarte ante la indiferencia y la opresión, de procurar la vida, de ser libre con los demás. Durante este camino encontrarás contradicciones pero no claudiques, abrázalas pero no para solazarte en ellas, sino para entenderlas y tratar de transformarlas. Mi deseo más profundo es verte crecer, compartir, aprender de ti y contigo, verte libre, por eso te obsequio este libro…  

3.4.16

Insurrecciones

Lo que no ha cesado de desplegarse desde el siglo XVII en Occidente no es el poder de Estado, es, a través de la edificación de los Estados nacionales así
como ahora a través de su ruina, el gobierno en cuanto forma de poder específica. Si hoy se puede permitir que se desmoronen sin ningún temor las
viejas superestructuras oxidadas de los Estados-nación, es justamente porque tienen que dejar su lugar a esa famosa “gobernanza”, flexible, plástica, informal, taoísta, que se impone en todos los dominios, ya sea en la gestión de uno mismo, de las relaciones, de las ciudades o de las empresas.
(...)
“La democracia —escribía Marx— es la verdad de todas las formas de Estado”. Se equivocaba. La democracia es la verdad de todas las formas de gobierno . La
identidad del gobernante y el gobernado es el punto límite en el que el rebaño se vuelve pastor colectivo y en el que el pastor se disuelve en su rebaño, en el que la libertad coincide con la obediencia, la población con el soberano. La reabsorción del gobernante y el gobernado uno en otro es el gobierno en su estado puro, ahora sin ninguna forma ni límite.
(...)
Para destituir el poder no basta, por tanto, con vencerlo en la calle, con desmantelar sus aparatos, con incendiar sus símbolos. Destituir el poder es privarlo de su fundamento. Esto es precisamente lo que hacen las insurrecciones. En ellas, lo constituido aparece tal cual, con sus mil maniobras torpes o eficaces, groseras o sofisticadas (...) Destituir el poder es privarlo de
legitimidad, conducirlo a asumir su arbitrariedad, a revelar su dimensión contingente. Es mostrar que sólo se mantiene en situación por cuanto despliega
de estratagemas, trucos, artimañas —es hacer de él una configuración pasajera de las cosas que, como tantas otras, debe luchar y valerse de astucias para sobrevivir—. Es forzar al gobierno a reducirse al nivel de los insurrectos, que no pueden seguir siendo unos “monstruos”, unos “criminales” o unos “terroristas”, sino simplemente unos enemigos. Conducir a la policía a ser ya simplemente una
pandilla, a la justicia una asociación de malhechores.


Comité invisible
A nuestros amigos

25.10.14

El sentido de ser ladrón




Yo me hice ladrón de profesión (...) La palabra "delincuente" es una denominación de patología social, una victimización social, mientras que en la palabra "ladrón" subyace la revuelta casi arcaica de no desear ser un esclavo de nada y de nadie y desde luego no del trabajo, de un trabajo que no sería ni placer ni pasión.

Abdel Hafed Benotman
citado por José Ovejero
Escritores delincuentes

18.10.14

Melancolía y la infinita tristeza...



No pretendo que la Alegría no pueda ser asociada a la Belleza, pero digo que la Alegría es uno de los ornamentos más vulgares; mientras que la Melancolía es, por decirlo así, su ilustre compañera, a tal punto que no concibo una forma de Belleza donde no exista la Desdicha.

(...)

Yo afirmo: la única y suprema voluptuosidad del amor consiste en la certeza de hacer el mal.

Charles Baudelaire
Dibujos y fragmentos póstumos

2.9.13

Mirarnos

Es hora de mirarnos. Somos nosotros los interlocutores válidos, los únicos que podemos representar una opción. Los aparatos del Estado, corrompidos hasta el tuétano, son cada vez más ajenos a la voluntad popular. Desafiarlos o pretender que se les puede conquistar o manipular desde abajo es inútil, contraproductivo y peligroso. Se trata de desmantelarlos haciéndolos innecesarios, rechazando radicalmente su guerra permanente contra nosotros y ocupándonos en reorganizar la sociedad. Lejos de ser ilusorio esto puede ser puro pragmatismo. Imaginemos, por decir algo, lo que podría hacer medio millón de maestros convertidos en linternas coherentes para iluminar cotidianamente, con la verdad, los espacios en que ejercen su oficio.

Gustavo Esteva
Salir del Callejón
http://www.jornada.unam.mx/2013/09/02/opinion/022a2pol

5.7.13

Fisuras


Pensar no consiste en salir de la caverna, ni en reemplazar la incertidumbre de las sombras por los contornos recortados de las cosas mismas, la claridad vacilante de una llama por la luz del verdadero sol. Consiste en entrar en el Laberinto (...). Consiste en perderse en galerías que sólo existen en la medida en que las cavamos incansablemente, en girar en círculos en el fondo de un callejón sin salida cuyo acceso se ha cerrado detrás de nuestros pasos, hasta que esta rotación abre, inexplicablemente, fisuras transitables en la pared.


Cornelius Castoriadis
Las encrucijadas del laberinto