Es hora de mirarnos. Somos nosotros los interlocutores
válidos, los únicos que podemos representar una opción. Los aparatos del
Estado, corrompidos hasta el tuétano, son cada vez más ajenos a la voluntad
popular. Desafiarlos o pretender que se les puede conquistar o manipular desde
abajo es inútil, contraproductivo y peligroso. Se trata de desmantelarlos
haciéndolos innecesarios, rechazando radicalmente su guerra permanente contra
nosotros y ocupándonos en reorganizar la sociedad. Lejos de ser ilusorio
esto puede ser puro pragmatismo. Imaginemos, por decir algo, lo que podría
hacer medio millón de maestros convertidos en linternas coherentes para
iluminar cotidianamente, con la verdad, los espacios en que ejercen su oficio.
Gustavo Esteva
Salir del Callejón
http://www.jornada.unam.mx/2013/09/02/opinion/022a2pol
Gustavo Esteva
Salir del Callejón
http://www.jornada.unam.mx/2013/09/02/opinion/022a2pol
