Un abismo se abre: mientras el poeta español Antonio Gamoneda habla frente a algunos reporteros en México, lejos de ahí otro Antonio Gamoneda (el evocado en un recuerdo) viaja en tren a Barcelona sin saber que extraviará 38 poemas recién terminados.
–¿Qué se pierde cuando se pierde un poema?–pregunta un reportero.
–Un poema perdido es algo que nunca podrá recuperarse, es único, es un momento irrepetible, un momento que no volverá.
La conversación con el poeta prosigue al ritmo de la urgencia que exige la noticia, no obstante deriva por caminos que intentan explicar la poesía. Entonces, la memoria de Gamoneda atrae a San Juan de la Cruz: "y déjame muriendo/ un no sé qué que quedan balbuciendo. La poesía es ese no sé qué, lo que nos lleva a decir lo que queríamos sin saber cómo, andar sin saber por donde para llegar a no sé donde. La poesía es creación y en ese sentido nombra lo que no existe; es revelación y entonces habla de lo que no se conocía. Afortunadamente así anda la poesía hoy, sin saber por donde, extraviada..."
Y sin saber cómo, el Gamoneda que viaja en tren a Barcelona pierde sus poemas... pero algo balbucea que no están perdidos, sino extraviados. En algún tiempo revelarán lo que tengan que revelar. El abismo se cierra.
17.11.10
Rebeliones y emancipaciones
Como dice Gao Xinjian, la literatura trasciende la ideología, las fronteras nacionales y las conciencias raciales. Y ello se debe a que la condición existencial del hombre es superior a cualesquiera teorías o especulaciones sobre la vida. La literatura es una observación universal que abarca los dilemas de la existencia humana, y nada es tabú. Si algo lo es, se debe a que viene impuesto del exterior: la política, la sociedad, la ética y las costumbres pretenden recortar la fuerza singular de la escritura. Pero hay buenos motivos para el optimismo. La literatura no sólo no tiende a desaparecer, sino que avanza con estimulantes conquistas de libertad. La novela, por ejemplo, no sólo no ha muerto, sino que evoluciona de forma atractiva, cada vez descansa más en una sucesión de rebeliones y emancipaciones gracias a las cuales los escritores están logrando las condiciones de una literatura autónoma, pura, liberada del funcionalismo político.(...)
Siempre he sabido que escribir significa detenerse, demorarse, retroceder, deshacer; escribir para escribir, no para haber escrito y publicado.
(...)
Un escritor no puede hablar como portavoz del pueblo o ser un himno o la voz de una clase social o de un movimiento artístico, porque en todos esos casos la literatura deja de ser literatura para convertirse en un simple instrumento de poder (...) un escritor sólo se representa a sí mismo y su voz es obviamente débil, pero es precisamente esa voz personal, su voz de pájaro solitario, la que resulta más auténtica.
(...)
La cualidad que Adorno distinguía en el arte de Kafka y Beckett se llamaba autonomía (...) En la debilidad de esas voces singulares está su fuerza. Y que nadie ahora piense que su literatura era pura, o sea idéntica al arte por el arte, al arte vacío. Las voces de estos autores nunca se desentendieron del rumbo del mundo, pero no se comportaron respecto a éste como si quisieran aportarle respuestas. Lo suyo era un asfalto mojado por la lluvia, mirar cómo pasan los trenes y sentir el viento de sus voces no serviles.
(...)
El orgullo del escritor de hoy tiene que consistir en enfrentarse a los emisarios de la nada -cada vez más numerosos en literatura- y combatirlos a muerte para no dejar a la humanidad precisamente en manos de la muerte. En definitiva: que a un escritor le podamos llamar escritor. Porque digan lo que digan, la escritura puede salvar al hombre. Hasta en lo imposible.
Enrique Vila-Matas
El viento ligero en Parma (El discurso de Caracas)
15.11.10
No estando...
Y si nos adentramos más en esa Lisboa que navega y dejamos atrás Janelas Verdes y avanzamos hacia los secretos del barco, hallaremos el Jardim das Amoreiras y más allá Largo do Carmo, centro exácto de la Revolución del 74, ¿quien la quiere olvidar? Y más allá, Barrio Alto, y luego el Chiado y las huellas de los pasos de su famoso poeta embalsamado. Y también las huellas del Otro, las de Sá-Carneiro: "Yo no soy yo ni el otro. /Yo soy algo intermedio". Lisboa intermedia, Lisboa entre el fin de la tierra y el océano. Lisboa que navega. Ya estuvimos en ella antes de estar jamás.
Enrique Vila-Matas
El viento ligero en Parma (En Lisboa ya estuvimso allí antes de estar jamás)
Enrique Vila-Matas
El viento ligero en Parma (En Lisboa ya estuvimso allí antes de estar jamás)
16.10.10
Desandando el laberinto
Mientras más páginas y argumentos encontraba para explicar y entender lo que sentía, lo que percibía como injusto e inadmisible, más distancia se instalaba entre nosotros (...) no se sentían conmovidos, no se sentían interpelados de la manera en la que yo buscaba y no darían conmigo la pelea que percibía como imprescindible.
Raquel Gutíerrez Aguilar
Desandar el laberinto
Raquel Gutíerrez Aguilar
Desandar el laberinto
29.9.10
A manera de explicación (si de algo sirve)
Un amor más allá del amor,
por encima del rito del vínculo,
más allá del juego siniestro
de la soledad y de la compañía.
Un amor que no necesite regreso,
pero tampoco partida.
Un amor no sometido
a los fogonazos de ir y de volver,
de estar despiertos o dormidos,
de llamar o callar.
Un amor para estar juntos
o para no estarlo
pero también para todas las posiciones
intermedias.
Un amor como abrir los ojos.
Y quizá también como cerrarlos.
Roberto Juarroz
Decimocuarta poesía vertical
por encima del rito del vínculo,
más allá del juego siniestro
de la soledad y de la compañía.
Un amor que no necesite regreso,
pero tampoco partida.
Un amor no sometido
a los fogonazos de ir y de volver,
de estar despiertos o dormidos,
de llamar o callar.
Un amor para estar juntos
o para no estarlo
pero también para todas las posiciones
intermedias.
Un amor como abrir los ojos.
Y quizá también como cerrarlos.
Roberto Juarroz
Decimocuarta poesía vertical
4.8.10
Otra del rabioso...
Si usted conociera los entretelones de la literatura, se daría cuenta de que el escritor es un señor que tiene el oficio de escribir, como otro de fabricar casas. Nada más. Lo que lo diferencia del fabricante de casas, es que los libros no son tan útiles como las casas, y después... después que el fabricante de casas no es tan vanidoso como el escritor.
En nuestros tiempos, el escritor se cree el centro del mundo. Macanea a gusto. Engaña a la opinión pública, consciente o inconscientemente. No revisa sus opiniones. Cree que lo que escribió es verdad por el hecho de haberlo escrito él. Él es el centro del mundo. La gente que hasta experimenta dificultades para escribirle a la familia, cree que la mentalidad del escritor es superior a la de sus semejantes y está equivocada respecto a los libros y respecto a los autores. Todos nosotros, los que escribimos y firmamos, lo hacemos para ganarnos el puchero. Nada más. Y para ganarnos el puchero no vacilamos a veces en afirmar que lo blanco es negro y viceversa. Y, además, hasta a veces nos permitimos el cinismo de reírnos y de creernos genios...
La mayoría de los que escribimos, lo que hacemos es desorientar a la opinión pública. La gente busca la verdad y nosotros les damos verdades equivocadas. Lo blanco por lo negro. Es doloroso confesarlo, pero es así. Hay que escribir. En Europa los autores tienen su público; a ese público le dan un libro por un año. ¿Usted puede creer, de buena fe, que en un año se escribe un libro que contenga verdades? No, señor. No es posible. Para escribir un libro por año hay que macanear. Dorar la píldora. Llenar páginas de frases.
Es el oficio, "el métier". La gente recibe la mercadería y cree que es materia prima, cuando apenas se trata de una falsificación burda de otras falsificaciones, que también se inspiraron en falsificaciones.
Roberto Arlt
Aguafuertes porteñas
En nuestros tiempos, el escritor se cree el centro del mundo. Macanea a gusto. Engaña a la opinión pública, consciente o inconscientemente. No revisa sus opiniones. Cree que lo que escribió es verdad por el hecho de haberlo escrito él. Él es el centro del mundo. La gente que hasta experimenta dificultades para escribirle a la familia, cree que la mentalidad del escritor es superior a la de sus semejantes y está equivocada respecto a los libros y respecto a los autores. Todos nosotros, los que escribimos y firmamos, lo hacemos para ganarnos el puchero. Nada más. Y para ganarnos el puchero no vacilamos a veces en afirmar que lo blanco es negro y viceversa. Y, además, hasta a veces nos permitimos el cinismo de reírnos y de creernos genios...
La mayoría de los que escribimos, lo que hacemos es desorientar a la opinión pública. La gente busca la verdad y nosotros les damos verdades equivocadas. Lo blanco por lo negro. Es doloroso confesarlo, pero es así. Hay que escribir. En Europa los autores tienen su público; a ese público le dan un libro por un año. ¿Usted puede creer, de buena fe, que en un año se escribe un libro que contenga verdades? No, señor. No es posible. Para escribir un libro por año hay que macanear. Dorar la píldora. Llenar páginas de frases.
Es el oficio, "el métier". La gente recibe la mercadería y cree que es materia prima, cuando apenas se trata de una falsificación burda de otras falsificaciones, que también se inspiraron en falsificaciones.
Roberto Arlt
Aguafuertes porteñas
3.8.10
Jodidamente cierto
He llegado a la conclusión de que aquél que no encuentra todo el universo encerrado en las calles de su ciudad, no encontrará una calle original en ninguna de las ciudades del mundo. Y no las encontrará, porque el ciego en Buenos Aires es ciego en Madrid o Calcuta...
Roberto Arlt
Aguafuertes porteñas
Roberto Arlt
Aguafuertes porteñas
18.6.10
Vale para otros temas...

En la etapa final me dirán que este universo multicolor puede ser reducido al átomo y que el átomo mismo puede reducirse al electrón. Todo eso está bien, y espero que prosigan. Pero me hablan de un sistema planetario invisible donde los electrones gravitan en torno a un núcleo. Me explican esto con una imagen. Comprendo entonces que se han visto reducidos a la poesía, y que nunca sabré. ¿Tengo tiempo para indignarme? Han cambiado ustedes de teorías. Y la ciencia que iba a enseñarme todo termina en una hipótesis, la lucidez naufraga en metáforas y la incertidumbre se resuelve en obra de arte.
Albert Camus
El mito de Sísifo
8.6.10
Lo rojo y lo negro

...
La fotógrafa es la primera en llegar a la escena del crimen, no hay policías, ni ministerio público, ni mirones. Levanta la cámara, apunta hacia el cuerpo del acribillado y al buscar el encuadre se detiene. Algo no está bien: es la apariencia del muerto. La fotógrafa saca el peine que siempre lleva y el cadáver recibe su última peinada. “Es su última foto, al menos que salga bien”, dice la fotógrafa cuando alguien le pregunta por qué siempre hace lo mismo.
...
Hace años fue periodista, cubría la nota roja en un puerto del Pacífico. El olor de la sangre, la pólvora y la carne quemada tenían algo que le llamaba. Se metía hasta la médula de los casos que investigaba… decidió brincar al lado de los policías. Sagaz, en poco tiempo se convirtió en el mejor investigador del país, reconocimiento que sentenció su muerte, ocurrida en junio de 2004, cuando un grupo de sicarios lo acribilló en una carretera.
...
En un operativo policial detuvieron a su esposo, de prometedora carrera en uno de los cárteles locales. Ella, desesperada por la falta de aquel hombre de armas, organizó su rescate: el plan consistía en irrumpir en la cárcel, un comando con rifles de asalto y granadas entraría a sangre y fuego. Una denuncia anónima terminó con todo, excepto con el deseo.
...
Recibió entrenamiento en Israel, abrió un negocio de seguridad privada y sus contactos políticos lo llevaron a firmar un contrato millonario para entrenar a los cuerpos policiales de élite. Por celos mató a su novia y la reportó desaparecida. Los mismos policías a los que había entrenado descubrieron su delito y fue encarcelado. Desde entonces planeó su escape y le llevó dos años realizar el plan. Paralelamente enamoró a su abogada y a una auxiliar del juzgado que llevaba su caso. Con ayuda de ambas, pero sin que ninguna de las dos supiera de la existencia de la otra, logró escapar por un ducto del aire acondicionado del juzgado. La auxiliar confesó cuando supo que él se fugó con su abogada. Meses después, en un operativo encubierto, logran atraparlo en otra ciudad, mientras compraba lencería para una nueva amante.
...
Confundido con un narcotraficante, un cardenal es acribillado en un aeropuerto. Un grupo de ultraderecha llegado al poder intenta reabrir la investigación y acusa directamente a un ex presidente de conocer los verdaderos motivos del asesinato y de encubrir a los homicidas, miembros de un cartel de la droga. La sospecha de que el purpurado estaba involucrado con el narco no se diluye.
…
Un poeta mata a su novia y es descubierto cuando está a punto de cenársela –en el sentido literal de la palabra–. Se justifica diciendo que es una forma de compenetrar sus almas; un candidato presidencial del PRI –cuando éste era el dueño del sistema– es asesinado y no hay más que un homicida solitario (aunque todos sospechan que lo mandó matar quien por dedazo lo colocó en ese sitio); un peligroso narcotraficante se fuga de una cárcel de máxima seguridad el mismo año en que el país presume haber transitado a la democracia y con los años se convierte en el principal capo nacional…
…
Todos estos casos (a excepción del primero, pero tan real como los otros) están documentados en la prensa con mayor o menor detalle, existen como historias perdidas en las páginas de diarios que, cumplida su corta fecha de caducidad, muy probablemente hayan servido para limpiar vidrios o envolver aguacates. Son historias que explotan en la realidad y más allá de su violencia conservan en un subterfugio (negado la mayoría de las veces a la prensa) las pasiones y ruindades de sus protagonistas (tanto de los públicos como de los que se mueven tras la cortina). Es decir, cada una de estas historias lleva en su fachada fisuras por las que se podría mirar lo mucho que hay detrás o en medio de ellas. El problema es que hoy son demasiadas y con frecuencia nos nublan la visión.
En su momento, otras historias como estas irrumpieron fantásticas en la vida cotidiana de este país y fueron registradas por los diarios: en pleno Año del Esfuerzo y ya habiendo declarado la guerra a las naciones del Eje, Goyo Cárdenas inicia una de las historias criminales más surrealistas: asesino, escritor, pintor y loco indultado por un presidente que tampoco logra sacudirse la sangre de las manos. Luego de permanecer tres décadas en la cárcel, el asesino serial más famoso del país recibe un homenaje por parte de los entonces diputados federales, dato que comprueba la proclividad de los políticos mexicanos de todas las épocas a los absurdos.
Este Gregorio abrió espacio no sólo a manuales de criminalística y a las historietas semanales que él mismo escribió desde Lecumberri, también permanece El criminal de Tacuba, obra teatral de Víctor Hugo Rascón Banda.
En 1964, San Francisco del Rincón, Guanajuato, apareció en la prensa nacional cuando brotó la historia de las hermanas Delfina, María Luisa y María de Jesús González Valenzuela, “Las Poquianchis”, que en el traspatio de la cantina “La Barca de Oro” –según los datos periodísticos– guardaban celosamente los cadáveres de 80 mujeres, 11 hombres y varios nonatos. Años después, en 1977, Jorge Ibargüengoitia recuperaría en Las Muertas los relatos que estas tres lenonas vertieron en sus declaraciones ministeriales, y con ello no sólo haría una novela, sino que incursionaría en lo que se ha dado por llamar el “nuevo periodismo”.
Ya en este punto, para mostrar esa suerte de corriente alterna que se da entre el periodismo de nota roja y la literatura, es inevitable regresar a 1966 para echar una mirada sobre Truman Capote y su novel a de “no ficción” A sangre fría, donde se narra la hermandad que existe entre el asesinato y el sueño americano. Y por supuesto habría que ir un poco más atrás (1957), y hasta el otro extremo del continente, para encontrarnos con la Operación Masacre, de Rodolfo Walsh, quien para hacer su obra contactó a siete de los levantados contra el general Pedro Eugenio Aramburu que lograron sobrevivir a los fusilamientos en el basurero de José León Suárez, provincia de Buenos Aires.
Porque esa corriente alterna tiende hilos sutiles y no tan claros que entraman puntos de encuentro a capricho de la vaga memoria, ahora (y sólo momentáneamente) parto de la imagen de los sobrevivientes al fusilamiento para recordar a los Soldados de Salamina, de Javier Cercas, que tal vez poco tenga que ver con la nota roja, pero mucho sí con el deseo de reconstrucción de una historia, deseo que –intento creerlo– igualmente corre por debajo y por encima del quehacer periodístico. En lo personal, y aunque no lo tengo muy en claro, ese deseo –y todas las casualidades necesarias, por supuesto– fue el que me llevó al terreno del reportero.
Las fronteras en estos menesteres no son muy claras y entonces intento volver sobre el asunto saltando al Galindez de Vázquez Montalbán como otra forma de las reconstrucciones, y así tengo pretexto para mencionar a Pepe Carvalho, aterrizar en la novela negra y partir de El delantero centro fue asesinado al atardecer para llegar a la realidad de un amanecer defeño en el Bar Bar, donde un centro delantero yace tirado en el piso de un baño con un balazo en la cabeza.
Sobre la novela negra, al igual que sobre la nota roja, pesa un cierto desdén que coloca a ambas en el terreno del “subgénero”, pero se olvida que muchos aprendimos a leer (periódicos o novelas) a partir de ellas. Y es que nos hablan de algo mucho más cercano que eventualmente le tiende la cama a las posteriores complejidades: la muerte es muerte, las balas matan, el miedo existe, el dinero y el poder tientan y lo pueden casi todo, el sexo es justo y necesario, la sangre sí tiene olor y siempre es roja.
En cierta forma, quien escribe nota roja (al igual que todos los escritores, creo) está descolocado y debe llevar eso en el lomo, para bien o para mal, pero las elementales prácticas del periodismo diario (las prisas, el cierre, “explicar lo importante”) le acotan los caminos al que busca las fisuras para mirar más allá de la fachada.
Discapacitado en el terreno literario, el reportero de nota roja tiende, sin embargo, a abrir una brecha pedregosa que lleve a ese sitio donde el dato duro se coloca sólo para enriquecer el escenario de algo más (tendencia que además es propiciada por la propia naturaleza de los hechos que relata). En el fondo el reportero sabe (o intuye) que hasta la mejor crónica sólo puede convertirse en el germen de otra cosa.
La digresión comienza a transformarse en soliloquio y prefiero parar aquí sólo para decir que, así vistas, la novela negra y la nota roja son las mojoneras más visibles de esos linderos imprecisos que separan los territorios de lo posible, lo fantástico, lo improbable, lo maravilloso y otros etcéteras (y ninguna de estas parcelas debe suscribirse por fuerza a las naciones de lo real o lo irreal). En el mejor de los casos, la nota roja es una provocación… y toca a los escritores regresarnos otra provocación para seguir mirando por las fisuras en las fachadas.
Leído en el III Foro de Novela Negra de la UdeG
24.3.10
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