23.11.08

No de otro modo


Su escritura estaba ligada al Secreto, posiblemente sólo entendía la literatura ligada a la idea del secreto (...) Tal vez para ella mi escritura, al no ser privada ni secreta, no era exactamente escritura, tal vez mi escritura la veía sólo como una literatura que era pariente lejana de lo que ella entendía como verdadera literatura.

Enrique Vila-Matas
(2002)
El mal de Montano

5.10.08

14 años después...

Porque sueño, yo no lo estoy. Porque sueño, sueño. Porque me abandono por las noches a mis sueños antes de que me deje el día. Porque no amo. Porque me asusta amar. Ya no sueño. Ya no sueño...

Jean-Claude Lauzon
(1992)
Leolo

27.6.08

Día D



Por hoy nada que decir. Se evapora lo que ayer murmuró la lluvia, otra vez un castillo de nada entre las manos, el hombre largo que me sigue. Lo inútil se hace sombra con los labios.

25.5.08

Otra de cumpleaños


Cuando cumplimos treinta años adquirimos la capacidad de comprender el significado cabal del odio. Es preciso impregnarse de la noción del mal para convertirse en un adulto capaz de enfrentarse a la vida. Es por ello que en ese momento la vida se vuelve un acto conflictivo; porque no hemos olvidado nuestra proclividad a las pasiones menos violentas. Los treinta años son la edad ideal del adúltero y del traidor porque en ese momento de la vida es todavía posible conciliar el ideal con la consciencia del pecado. Cuando cumplimos treinta años salimos del ámbito de las formas antagónicas para entrar en el ámbito de las polaridades.

Salvador Elizondo

3.5.08

(...)

Busco el instante y ni al reconstruirlo me pertenece. El viento tras el sol sabe... sucede que uno muere sin mirar al que murió antes. ¿Cómo reclamar las esquirlas de antiguos nombres que el terco frío bajo la piel terminará borrando? Ignominia lenta que delimita un abismo de veinte centímetros.

Tocamos al fantasma que tanto temíamos. Tú le besaste la frente, yo le até las manos...
Y un salto a este abril sin habitantes, en el que te recostaste boca abajo para ocultar las uñas sucias por la tierra.
Me quedo con el abrazo difícil, con la espalda negra de otro instante y comienzo a repetir las palabras confundidas que nunca supieron de qué hablábamos.

17.2.08

A propósito de los cumpleaños...



Puedo recordar el orden de la luz en el viento y el tono del crepúsculo, la palabra precisa tras la noche o el absurdo nombre del dios muerto, el invisible hilo tendido al primer respiro y la hora ausente de mi estirpe. Puedo recordar, incluso, el túmulo que precede al sepulcro abandonado, pero en ninguno de estos sitios permanece la tibia sensación de un cuerpo despojado de pudor, o el gusto de la arena clavada en la penumbra de otros labios.
Palpo los días, pero no entiendo lo que escriben entre sombras. Si trazo las sombras, el árbol desaparece.