28.7.07

Visitas


Leía el mismo libro de antes y se detuvo en un verso oculto hasta entonces.
La única salvación de todo andar es no llegar
Pensó en una ella que ofrece compartir tres veces por semana, algunas caminatas casuales y quizá una visita al cine más cercano. Cosas suficientes –según ella– porque lo demás son artículos de lujo y ya no estamos para eso; vivir con austeridad es más sencillo.
La razón de ese sin sentido le llevó a tomar atajos por el libro, transcurrió por las páginas como observando el mapa de un cuerpo sobre la mesa del taxidermista.

Cayó en otro verso escondido.
Entre el que da y el que recibe, entre el que habla y el que escucha,/
hay una eternidad inconsolable

Otra ella, otro tiempo, y ahí no entraron ni principio ni después. No hubo respuesta a la negación o pregunta para el placer. Mejor reducir la eternidad a una distancia no prudente. Cambiar de página para despedirse en un monólogo.

Otras líneas y un fantasma.
El último trabajo: levantar entre las manos vacías una torre de nada/
al borde del abismo

Cerró el libro de un portazo, pero ya estaba ahí y se quedó mirando un rato. Algo recordó de sus retinas agitadas. Algo que tiene que ver con el sonido de la lluvia en la arena. Pensó en la letra de su nombre y volvió a brotar el silencio. Mejor cerrar los ojos, esperar y desvanecerse.

Sigue imitando al ciego y aún no entiende que no son los ojos los que miran o leen...

14.7.07

¿Pa' qué pregunta...?




"¿Quien es usted?" Y ella, sin vacilar: "Soy el alma errante" (...) Escribirás una novela sobre mí. Te lo aseguro. No digas que no. Ten cuidado: todo se desgasta, todo desaparece. Tendrá que quedar algo de nosotros...

André Breton
(1928)
Nadja

9.7.07

Engranes



(Hi ni yuku kanojo)

El agua del lago destellaba a la distancia. Con el color de una fuente de agua estancada, en un viejo jardín, a la luz de la luna.
Los bosques en la lejana orilla se quemaban silenciosamente. Las llamas se expandían mientras yo las observaba: un bosque incendiado.
La autobomba corría a lo largo de la orilla como un juguete, reflejada nítidamente en la superficie del agua. Multitudes ennegrecían la colina, ascendiendo sin cesar por sus laderas.
Me di cuenta de que el aire que me circundaba era calmo y claro, pero seco.
El sector del pueblo en la base de la colina era un mar de fuego.
Una muchacha se separó de la multitud y descendió sola. Ella era la única que bajaba por la ladera.
Curiosamente era un mundo sin sonidos.
No pude soportar verla encaminarse directamente hacia el mar de fuego.
Entonces, sin palabras, conversé con su interior.
–¿Por qué bajas por la colina sola? ¿Es para morir quemada?
–No quiero morir, pero tu casa queda hacia el oeste y por eso me dirijo hacia el este.
Su imagen –un punto negro en el fondo de las llamas que inundaban mis ojos– laceró mis pupilas. Me desperté.
Las lágrimas escurrían por mis sienes.
Ella había dicho que no quería ir hacia mi casa. Lo comprendí. Todo lo que ella pensara estaba bien. Forzándome a ser racional, en apariencia me había resignado a que sus sentimientos hacia mí se hubieran enfriado; sin embargo, con obstinación quería imaginar, sin relación con la muchacha real, que en algún lugar ella guardaba una brizna de sentimiento por mí. Y si bien yo aparentaba desdén, secretamente deseaba que eso cobrara vida.
¿Significaba este sueño que en el fondo de mi corazón yo sabía que ella no tenía el menor afecto por mí?
El sueño es expresión de mis emociones. Y sus emociones en el sueño eran las que yo había creado para ella. Eran mías. En un sueño no hay simulación ni fingimiento.
Me sentí desolado al pensarlo.

Yasunari Kawabata
(1924)
Historias en la palma de la mano

6.7.07

Recortes

Mientras tanto se le escapaba algo... hubiera pensado en otra cosa, quizá en la lluvia que azotaba contra la ventana o en la pequeña distancia que hay entre las azoteas cuando se miran desde un alto edificio a esa hora de la noche. Pero pensaba en lo que siempre piensa y desde el diario llegó la noticia. Vio el avión partido en dos, todo al rededor ardía; los muertos le importaban poco, al fin ya había visto muchos... pensó en algo que esperaba desde hace tanto. Tal vez ese algo viajaba en ese avión... seguramente iba en el avión y ahora, definitivamente, nunca llegaría.
Imaginó un paquete, luego un sobre, después la carta. Nada de ahí podía recuperarse, las palabras arden más rápido que el papel. Nadie respondería por las palabras que explicaban el silencio. Y ante el silencio creado por lo no recibido, seguiría en silencio... y el silencio cada vez más grande.
El agua contra el cristal sonó como la hoja que se arruga para empezar de nuevo. Dos veces reescribió las palabras que en la fotografía del diario seguían quemándose junto a los restos de un avión retorcido. Entonces pensó en que tendría que olvidarlas porque nunca las leería.
Cambió de página, pero en la nueva página lo sorprendió un alud que sepultó el camión de pasajeros en que podría estar viajado... en el que viajaba a ninguna parte para hacer que la distancia fuera más grande que el silencio. El derrumbe lo tomó con la cabeza recargada en la ventana, escuchando la lluvia que azotaba contra el cristal, pensando en una carta no escrita o en las pequeñas luces de una ciudad lluviosa vista desde la ventana de un edificio... hubiera pensado en otra cosa... pero en medio de esa profunda oscuridad el aire comenzaba a faltarle y el silencio se le escapaba despacito.

5.7.07

Pa Saber...

I took this walk to ease my mind
to find out what's gnawing at me
Wouldn't think, to look at me,
that I've spent a lot of time in education
it all seems so long ago
I'm a thinker, not a talker
I've no-one to talk to, anyway

David Bowie
Conversation piece