6.7.07

Recortes

Mientras tanto se le escapaba algo... hubiera pensado en otra cosa, quizá en la lluvia que azotaba contra la ventana o en la pequeña distancia que hay entre las azoteas cuando se miran desde un alto edificio a esa hora de la noche. Pero pensaba en lo que siempre piensa y desde el diario llegó la noticia. Vio el avión partido en dos, todo al rededor ardía; los muertos le importaban poco, al fin ya había visto muchos... pensó en algo que esperaba desde hace tanto. Tal vez ese algo viajaba en ese avión... seguramente iba en el avión y ahora, definitivamente, nunca llegaría.
Imaginó un paquete, luego un sobre, después la carta. Nada de ahí podía recuperarse, las palabras arden más rápido que el papel. Nadie respondería por las palabras que explicaban el silencio. Y ante el silencio creado por lo no recibido, seguiría en silencio... y el silencio cada vez más grande.
El agua contra el cristal sonó como la hoja que se arruga para empezar de nuevo. Dos veces reescribió las palabras que en la fotografía del diario seguían quemándose junto a los restos de un avión retorcido. Entonces pensó en que tendría que olvidarlas porque nunca las leería.
Cambió de página, pero en la nueva página lo sorprendió un alud que sepultó el camión de pasajeros en que podría estar viajado... en el que viajaba a ninguna parte para hacer que la distancia fuera más grande que el silencio. El derrumbe lo tomó con la cabeza recargada en la ventana, escuchando la lluvia que azotaba contra el cristal, pensando en una carta no escrita o en las pequeñas luces de una ciudad lluviosa vista desde la ventana de un edificio... hubiera pensado en otra cosa... pero en medio de esa profunda oscuridad el aire comenzaba a faltarle y el silencio se le escapaba despacito.