18.6.13

Otro juego


La calle aún conserva los signos de la revuelta: consignas a medias en papeles rotos, cascajos de bombas lacrimógenas y balas de goma, vallas tiradas, la suciedad que precede al tropel, algo de sangre y pintas. Y en medio de la calle, vacía en espera de una nueva manifestación de jóvenes inconformes con el orden y el progreso que se oferta desde el poder, hay niños jugando al futbol,
Son Neymar, Hulk, Marcelo, Paulinho y compañía… no cobran por jugar, no portan la sagrada verdeamarelha pero igual sudan, meten el cuerpo y quieren más, porque tres goles no son suficientes para dar por terminado un partido pactado hasta que el cansancio los venza o la policía los corra del lugar.
Ayer por la noche sus hermanos mayores, primos, tíos o padres salieron acompañados por cientos de miles a esas mismas calles para gritarle a la ex guerrillera que hoy es presidente que no están de acuerdo con que su gobierno otorgara 15 mil millones de dólares del dinero público para financiar la Copa Confederaciones 2013 y el Mundial 2014… y es que aún hay millones que no tiene donde vivir. Saben que los mayores no se quejan tanto ya por la falta de empleo o dinero, pero sí por el alto costo de un transporte público deficiente, por los malos servicios de salud, por la educación inadecuada… por la represión de una policía militarizada que sigue cargando contra la gente como lo hacía durante la dictadura.
En esta pequeña cancha de asfalto no hay árbitro y no hace falta, las infracciones a las reglas elementales del futbol se marcan y se discuten aquí mismo y entre todos… el enojo se transforma en intentos de jugadas de fantasía, en desafíos cara a cara que se resuelven con un recorte mágico. El que falla debe correr tras la pelota para recuperarla y volverla a poner en juego… esa es, tal vez, la regla más importante.
Los que ayer por la noche tomaron esta cancha de Brasilia, de Río y de otras ciudades, aprendieron a jugar de la misma forma, con estas mismas reglas: han traído el balón y lo pusieron enfrente de quienes dirigen el país. El ex presidente Lula, histórico líder sindical, ha intentado salir al paso para llamar a la negociación, pero ayer mismo la multitud advirtió que tampoco quiere un árbitro que dicte las reglas de un juego que terminará por convertirse en negocio: “los políticos ya no nos representan”.
Hulk suelta un riflazo que cruza entre las dos piedras que hacen de portería, las pequeñas voces corean la hazaña y despiertan el eco de las consignas que miles de gargantas impregnaron ayer en las paredes de los edificios cercanos: “un país mudo es un país que no muda”, “no dispares contra mis sueños”. La cuenta de los goles no importa ya a estas alturas, se trata es de seguir jugando al futbol.
Hoy y en los días sucesivos los jóvenes indignados brasileños también seguirán con este otro juego que les es inherente y trata de cambiar Brasil… quizá en este punto es donde cobran su real dimensión las declaraciones de Eddy Etaeta, entrenador de la selección de Tahití que en su debut en una competencia de FIFA perdió 6 goles a1 contra Nigeria: “estamos acostumbrados a ver los grandes campeonatos delante de nuestro televisor, pero hoy nosotros somos los protagonistas. Lo que iba a pasar sobre el terreno de juego no tenía mucha importancia”.


Crónicas de ficción y no tanto