
Antes de la vigilia besaron sus párpados para intentar que las palabras no escaparan. Nada que prometerse ni decirse, silencios sin geografía trazaron certezas en un mapa que no lleva a ningún sitio. La tierra como único ejemplo. Sin motivo de pregunta, la respiración marca el abismo bajo la mano que se desliza sobre un vientre. Ni olvido ni ausencia, otra manera de tatuarse un nombre discreto bajo la piel. Espera compartida de un secreto o una palabra que escape a la mirada y se aloje entre los labios.